sábado, 22 de marzo de 2008

Al Rayar el Alba

Coge de tu corazón
Tan sólo
Lo que más ames...
Desecha todo lo demás

Luis Hernandez Camarero



La mirada de pedrito le recordaba que aquella vez; en la belleza de la oscuridad encontró el amor. Si solo hubiera mirado podría haber visto su presencia meditabunda y solitaria. Susan era el nombre de aquella niña a la que jamas conoció. Solo su visión un tanto perturbada y las pesadas lagrimas le hicieron comprender. Juan, la apreciaba desde lejos; sentado a medio echar sobre la piedra en donde el musgo viscoso le acariciaba las manos. Se tomaba el cabello largo y sedoso de una manera que enredaba sus penas y al mismo tiempo sonreía y sonreía tratando de olvidar los días oscuros que vendrían.
Juan se le acercaba tratando de no asustarla, paso a paso articulando cada movimiento en sus neuronas y hasta que por fin estaba detrás de ella. Esta volteo porque empezó a escuchar su respiración constante, fuerte y viva. No sabían que decirse, ni siquiera sus labios carnosos y asalivados enlazaban susurros. Frente a frente sentían que sus miradas iban a estallar en cualquier momento, solo era cuestión de tiempo.
















¿Quién Eres?- le pregunto
- No sé; ¿Porque lloras?
- Solo lloro porque me da la gana... y además no te importa así que vete.
- Mi nombre es Juan.
- Ya lo sé.
- No lo sabes.

Solo la leve brisa nocturna sabia de que estaban halando tan calladamente y como cuidándose de los insectos que escucharían. A el le da pena sus lagrimas pero solo comprendía que era hermosa y no como una rosa sino como lo que siempre había querido. Las lagrimas ya no brotaron más; solo la forma de sus ojos como aquella flor china y su voz de ruiseñor solían hacer en ella un abismo en su corazón. Los brazos temblorosos y las manos un tanto pegajosas no les importaron. Se quedaron mirando el amanecer y como la noche moría ante sus corazones del cual eran presas.

- Me tengo que ir- Le dijo susan
- Ya lo sé, me da pena.

Las palabras y aliento estaban de más; no querían hablar solo amarse y así fue. Juan extendió su mano y tomo la suya, la atracción fue inmediata, se entregaron ambos al amor. Juan inclino sus labios temerosos y le beso la mano.

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