jueves, 6 de marzo de 2014

El Mensajero

El mensajero llega hasta la Puerta y piensa que entonces ha coronado lo más arduo de su misión. Lo siguiente le es ajeno. De cualquier modo, sabe que no tiene otra opción más que esperar y para eso ha elegido esperar tranquilo.

Lo siguiente es saber si trae buenas o malas noticias. Si trae malas noticias de seguro no tardarán en cortarle la cabeza, pues los habitantes al otro lado de la Puerta prolongan costumbres que ya nadie toma en cuenta y que, por último, muy pocos recuerdan.
Finalmente, le dejan pasar.

La casa es sencilla y austera. Los techos son altos y las escaleras que van de un piso a otro largas, empinadas y estrechas. Mientras recorre los pasillos que llevan a las habitaciones, donde se le ha dicho que está el Poeta, el mensajero puede ver las sombras estirarse como fantasmas, como huidizos animales de la selva.
Lo llevan donde el Poeta.

El Poeta está sentado en un sillón y frente a él una mesita exhibe las primeras ediciones de sus libros; más allá, un aparador totalmente vacío salvo por un vaso igualmente vacío. Cuando el mensajero se presenta, el Poeta se levanta y lo abraza dulcemente durante un tiempo que a más de uno parecería excesivo. Durante un momento, el mensajero piensa que el Poeta se ha quedado dormido sobre su hombro y ronca, pero no: murmura algo que no logra comprender, ¿es en francés lo que dice?
Después de un silencio –que al mensajero por su actitud tranquila no le parece incómodo– saca de su bolso la primera de sus encomiendas: un libro de color rojo metido dentro de un sobre manila sellado. En el exterior del sobre ninguna seña, lo que no impide al Poeta anunciar que conoce exactamente el contenido y luego de dejarlo a un lado, sonreír al mensajero.

Éste –sin duda nuevamente por su actitud tranquila– comprende que esa sonrisa no es ni un gesto de estupidez ni una muestra más de espontáneo afecto y saca de su bolso una botella de vino rojo: la segunda de sus encomiendas. Prevenido para la ocasión, no tarda en descorchar la botella y agenciarse no uno, sino dos vasos de vidrio donde escancia generosamente para uno y para otro.

Beben y conversan.
Más precisamente: el Poeta habla y el mensajero se pierde en el sonido de las palabras y el silencio que hay entre ellas y pronto su concentración se fija en el vaso vacío del aparador, donde primero ha aparecido un tallo, luego unas hojas y espinas y finalmente el botón de una rosa.

El mensajero ve al Poeta, que pasada la media botella ha empezado a dar claros signos de ebriedad,  rasgar el sobre manila y tomando el libro por la última página arrancar una por una las hojas y gracias a un movimiento de su brazo que se alza por detrás de su espalda las hojas salen volando por la ventana abierta de par en par que está a sus espaldas.
En el rostro del Poeta el mensajero ve dibujarse una sonrisa.

Más tranquilo que nunca el mensajero dice las palabras al oído del Poeta y luego hace mutis sin olvidar de llevarse con él el resto de la botella. Y se larga a recorrer el mundo. Un poco como las hojas del libro que ahora se elevan por encima de los árboles, un poco como una flecha que viajara en todas las direcciones.


lunes, 22 de septiembre de 2008

FIN DE SEMANA

La luz dejaba entrever el paisaje, así que decidir ir a oir de donde venia aquel ruido.Ya no lo soportaba, todas las noches el mismo, constante, persistente y además molesto ruido. Lo que me enfada es no saber que lo produce y de donde proviene; justo ahora que estoy tratando de relajarme de la ciudad. Subi por el cerro tratando de bordear su falda para acercarme al lugar de donde provenía, ese era el lugar no había duda.

El infeliz estaba sentado, como quien pidiendo perdón de algo e impactaba una piedra sobre otra. Yo no entendía porque se encontraba y sobre todo porque chancaba las piedras.

- ¿Quién eres tu? – Pregunto en un tono un tanto emotivo.
- ¿Quién crees que soy?, tu vecino al que no dejas dormir- le respondí como si fuera una amenaza y complete el enunciado-: Me has venido molestando con ese ruido desde que llegue.
- No sabía que habías llegado.
- Y acaso necesito permiso
- Desde luego, yo vivo aquí mas tiempo que tu.
- Acaso esa es una razón.
- Por supuesto.
- No me haga enfadar y dejeme dormir.
- Y que, acaso no tiene una cama para dormir
- No es eso. Me oyó.
- Así me gusta.
- Pero, ¿porque mierda chanchas esas piedras?
- Tu crees que lo hago por puro gusto. Si fuera así; lo haría mas fuerte, no lo crees.

Lo dijo de una manera tan estoica, que pensaba que tenia razon; pero ante tales argumentos no atinaba a decir si quiera algo.

- Es por el frio. Las chispas me mantienen caliente.
- Pero entonces por que vives aquí, en esta cueva sin siquiera una cosas. O es que acaso no tienes nada. Ni siquiera esa barba va con tu estilo, si es que es uno.
- Si tengo una casa; pero no tengo rasuradora.

Por aquella noche se mantuvo tranquilo y no hizo mas ruidos, solo con una condición; que le diera mi encendedor.

A la mañana siguiente, el café estaba algo frío, pero entre mi, me preguntaba quien era ese tipo y que razón lo había llevado a una cueva internada en el cerro.

- Hola necesito otro encendedor.
- Pero como que otro, ayer te di uno.
- Si pero el petroleo escasea.
- Diras el gas.
- Como sea. Vale de todas maneras.

No lo había notado pero ya estaba comodamente instalado en el sofa de paja, y con mi taza de café entre sus manos. Que manera de ser; no lo entendia, ni siquiera yo mismo me entendía porque no sabia que hacia con ese tipo en el lugar donde acampaba.

- No seas abusivo. – le dije.
- No lo soy.- replico
- Entonces porque entras invades mi espacio y dispones de mis cosas.
- Tu también invadistes ayer el lugar donde vivo y no te dije nada.
- No se puede contigo.
- Seguro, asi son las cosas.

Llegamos a un entendimiento mutuo, el me daría su cocina eléctrica mientras que yo le daría la mía, ya que es a gas. Sin querer pasamos un dia divertido, jugamos casino, hablamos de las mujeres, nos tomamos unas chelitas con parrillita incluida, hasta llegar al final del domingo y percatarme que era hora de regresar a la asficiante ciudad. Si me dijo su nombre no recuerdo, si me dijo donde trabajaba tampoco, solo se que nos despedimos con un efusivo abrazo y una promesa de un pronto retorno percatandome mas tarde que esta persona había muerto y que su lápida se encontraba al costado de la carretera.

miércoles, 23 de abril de 2008

BUSSINESS SON BUSSINESS

En el segundo que amaba, era capaz de darlo todo a cambio de nada; en el segundo que olvidaba, medía sus caricias en billetes y monedas y no regalaba ni un beso inocente en la mejilla.
¿Cómo puedes estar aquí tan pronto?
Recién acabo de llegar contesto Olivas.
Luz apenas podía creerlo. Ella no tenía ni la mínima idea de lo que pasaba por la mente del forastero. El no atinaba a decir nada, en lugar de eso con la mirada empezó a preocuparse por su dormitorio. Lagrimas de rabia quemaban los ojos verdes de la angelical criatura.
¿Estas impresionado? Pregunto Olivas
-Bueno dijiste que querías hablar conmigo.
Olivas se sonrojó y dijo:
- ah, si, supongo que si. Este...
Su sonrisa amigable la desconcertó. A pesar de que notaba cierto nerviosismo en sus ojos verdes. Parecía muy disgustada consigo misma. El se sintió aliviado al ver que ella no hacia ese tipo de cosas a menudo. Al menos eso creía saber. Sin embargo Luz creía encontrar, siempre por un segundo, al hombre de su vida, pero lo mejor era que al segundo siguiente, lo olvidaba. No era conveniente ni bien visto enamorarse a primera vista y Luz sabía eso y más: el amor y el dinero no podían mezclarse.
Este... tengo que hacerte una propuesta... me gustaría que tu y yo, bueno... titubeo mientras buscaba las palabras adecuadas. Nunca le he pedido a mujer alguna que, bueno...
Ella tragó saliva y, consciente de su malestar, la ayudo:
¿Tener una aventura?
Se que todo es muy precipitado pero estoy enamorado de ti, sentenció Olivas.
No digas eso, hace solo unos minutos que te conozco. Es mas dijiste que ibas a venir en una hora así que no tendré más remedio que llamar a otra chica.
No por favor, se que esto es algo inesperado y repentino así que piensa por favor lo que dices.
Lo siento pero tienes que atenderte con otra chica, además lo que has visto por la cam es prácticamente lo mismo.
Olivas al borde de un paro cardiaco entre sudores y jadeos podía olfatear y escuchar secreciones de amor imaginarias. Se quedó inmóvil sin decir palabra alguna. Luz, en otra habitación continuó su riguroso ritual en la web el amor era lo que le hacia falta y estaba primero, el sexo estaba después. No podía confundirse y por eso trabajaba con un ascetismo que podía parecer exagerado. Cada vez practicaba un pequeño ritual obligando a sus clientes a guardar silencio y los rociaba con su propio perfume como para que ninguna palabra u olor ajenos pudiesen perturbarla. Así también era ella, intensa y leve a la vez. Le incomodaba ser generosa y mucho menos perder plata. En el segundo que amaba, era capaz de darlo todo a cambio de nada.
Apúrate papito que estás esperando. Que, ¿No tienes saldo? ¿No tienes condón? No importa lo cargamos a tu tarjeta de crédito.

martes, 8 de abril de 2008

LUCKY STRIKE


Caramelos, chocolates, cigarrillos
gritaba una mujer sentada frente a un edificio con unas enormes columnas enmarcado sus escaleras. Ocho de la mañana, el sol alumbraba sobre las cabezas de los transeúntes que, por un descuido infinito, no llevaban sombrero. Aquí y mas allá se abrían las tiendas, los comercios, toda la maraña de oficinas públicas y privadas; secretarias, gerentes, obreros de las fabricas caminaban rumbo a sus trabajos… un viejo, vestido impecablemente se acerco donde la mujer.
-déme dos cigarrillos.
-treinta.
-y un caramelo
le dio el vuelto. El viejo se fue fumando tranquilamente. Atravesaba a los veloces correos con su paraguas y nadie se chocaba con el ni nadie lo estorbaba. En la esquina se encontró con la niña.
-hola-saludo.
-hola –contesto la niña- ¿Qué hace?
-¿Qué hago? –el viejo se mostró sorprendido por la pregunta –desayuno, como todo el mundo.
La niña se quedo raspando con un dedo el borde de la acera.
¿tu no desayunas?
-si, ya tome mi te y mi leche y me comí un pan.
-eso no es desayuno. Un buen desayuno es el humo de este cigarro, mmm lucky strike…
el viejo se alejo con un gran sonrisa. Cruzo la calle y se perdió entre los puestos del periódico, las carretillas, los vendedores de emoliente.

Al rato, cuando la niña sintió en el estomago una punzada de hambre, pues ese día no había desayunado, busco en sus bolsillos y encontró un caramelo y una moneda de cinco.

martes, 1 de abril de 2008

YESCA

“Solo temo una cosa:
No ser digno de mis sufrimientos”
(F. Dostoievki)

Hace pocas horas que se había ido. Su corazón exaltado descubrió el sentido de la vida. Todo empezó como jugando y en verdad no penso enamorarse.
Seria amor o solo el latido caprichoso de su corazón.

¡Oh Dios! ¡Oh vida!
¿Porque lo condenas a tal destierro?

Caído, enlazado, quebrado, opto por el suicidio. Tendido ante el eterno sueño, nadie lloraba el suceso.

viernes, 28 de marzo de 2008

EL HOMBRE CHINO

Se prohibe estar triste
"5 metros de Poemas"
de Carlos Oquendo de Amat
El Hombre Chino se acerco lentamente hasta dormía la pequeña niña. La noche estaba fría y ella se apretaba contra la columna al pie de la alta escalera. Si fuera hombre bueno –pensaba el hombre chino- la recogería y la llevaría a casa conmigo; la vestiría y la alimentaría, y luego le daría una cama donde pudiera dormir y ya no sentiría ni frío ni hambre y de seguro estaría contenta y algún día, sin yo darme cuenta, me diría papá. La niña se revolvió entre los periódicos que la cubrían y se quejó con un monosílabo imperceptible.

El Hombre Chino la miro con ternura; admiraba su belleza de niña, pero sobre todo el valor de vivir sola en la calle. Pobrecita pensaba. Un automóvil paso raudo por la avenida. Sus potentes faros iluminaron fugazmente la escena. El sintió un temblor en su interior. La niña dormitaba tranquilamente.

Cuando llego a su casa, un elevado departamento ubicado en una zona céntrica, no encendió la luz. Fue hasta la ventana y observo a través de los grandes cristales la ciudad dormida. Y no pensó , no pensó en nada.

lunes, 24 de marzo de 2008

Bye, bye, Gepeto

Mi sueño alerta Entre los barcos
La oscura paz, cubierta de tus manos.

LUCHITO HERNANDEZ


El mundo todavía estaba fresco y verde, pero llegó el momento de marcharse. Cuan extraño le había parecido ser tratado. Justo en ese momento las flores empezaban a abrirse y en el pueblo por debajo de las praderas, ladraban unos perros; eso lo animaba un poco.

Un suspiro escapó de su pecho mientras todos habían reído desaforadamente. Su provocadora condición física no era digna de los lugareños. Él había estado llorando toda la noche, se le notaba en el rostro; aquel rostro que todavía se encontraba con el maquillaje recargado.
- ¡Lárgate pronto! ... se escuchó decir a alguien
- ¿Irme..., dónde?
- A cualquier parte. No te queremos cerca.

De pronto mientras caminaba: Se sintió feliz. Saco un billete arrugado de veinte soles mientas escondía su rostro entre sus manos. Se detuvo; y ya muy lejos del pueblo dijo a todos:
- Quizás vuelva... o quizás no. Estoy listo, pensó.
-Y eso fue todo. ¿Qué otras preguntas se podrian hacer? Luego de veinte años me pregunto ¿Qué será de su vida? Le iría bien.